• Rodrigo Bedoya Forno

VELVET BUZZSAW

Actualizado: 10 de mar de 2019


“Velvet Buzzsaw”, de Dan Gilroy, quiere ser muchas cosas a la vez: una sátira sobre el arte, con sus personajes ególatras y mezquinos, capaces de cualquier cosa con tal de vender las obras, generar más ingresos y satisfacer su autoindulgencia; una mirada sobre cómo el arte puede resultar tan apasionante que comienza a perturbar la vida de todos aquellos que se involucran en él; y una película sobrenatural en la que el espíritu de un pintor fallecido, que ordenó que todos sus trabajos se destruyera a su muerte, comienza a vengarse de todos aquellos que quisieron lucrar con su trabajo.


El principal mérito del filme es que nunca se toma muy en serio a sí mismo: lejos de ese costado demostrativo que tenía una película como “The Square”, aquí Gilroy decide reírse de las mezquindades y frivolidades de sus personajes, haciendo ver ridículo ese universo del arte ‘jet set’, pero sin ese costado determinista, más digno de un sermón, de la película sueca ganadora de la Palma de Oro de Cannes.


Tan poco serio se toma el asunto la película que, frente a este costado mercantil de los ‘dealers’ de arte, pues qué mejor venganza que un espíritu que viene a acabar con la vida de todos aquellos que mercantilizaron una obra que debía ser destruida. Lo fantástico, aquí, viene a reforzar ese costado caricaturesco de los personajes y las situaciones: la mezquindad de todos es castigada en secuencias filmadas de forma sugestiva por el cineasta, que sabe abrir los flancos fantásticos en los momentos cúspides de la arrogancia de los personajes. El castigo frente al egocentrismo es una muerte que será más rebuscada que la otra. Lejos del terror, lo sobrenatural le da a la película un sentido del humor negro que va muy bien con la descripción del mundo que plantea la cinta.


La película, sin embargo, pierde fuerza cuando ese costado caricaturesco se centra en las relaciones personales de los personajes (sobre todo la relación entre el crítico que interpreta Jake Gyllenhaal y la trabajadora de la galería que hace Zawe Ashton): ahí el trazo grueso comienza a ganar la partida, reforzando el costado patética de los personajes innecesariamente. Tampoco ayuda el costado coral del filme: la cinta busca seguir a demasiados personajes, lo que termina diluyendo la acción; son muchas historias y ninguna termina por desarrollarse del todo.


Rodrigo Bedoya Forno

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