• Enrique Silva

STAN & OLLIE

Actualizado: 9 de may de 2019

"Stan & Ollie" no es el biopic tradicional que podría esperarse sobre dos legendarias estrellas del cine de una era pasada, lejana, clásica. Un extraordinario dúo humorístico que alcanzó la cima de la popularidad en los años 30, gracias una peculiar química que contrastaba la seriedad de uno frente a la torpeza del otro, a través de una infinita variedad de gags en los numerosos cortos y largometrajes que protagonizaron.

El director británico Jon S. Baird asume el retrato de los entrañables Stan Laurel (1890-1965) y Oliver Hardy (1892-1957), inmortalizados en el mundo de habla hispana como 'el gordo y el flaco', con una tremenda vocación nostálgica en una realización estéticamente muy cuidada (la fotografía y ambientación son estupendas). El centro de atención es el último periodo profesional de Laurel y Hardy, alejados ya de los sets de filmación, desplazados en parte por las populares producciones cinematográficas de Abbott y Costello y del trío conformado por Bob Hope, Bing Crosby y Dorothy Lamour.


Un revelador plano-secuencia abre la película con ambos camaradas, notablemente encarnados por el inglés Steve Coogan (Stan) y el norteamericano John C. Reilly (Ollie), conversando en su camerino y los traslada hasta el escenario de rodaje de su célebre comedia "Way out west", rodada por James W. Horne en 1937. Momento memorable en el que se filma su famoso -y muy gracioso- número de baile. Este inicio es relevante porque da cuenta igualmente de la tirante relación que existía entre Laurel y el productor Hal Roach (1892-1992), encarnado aquí por Danny Huston. Roach fue responsable de la mayoría de filmes de la pareja y su enfrentamiento con el 'flaco' afectó el futuro artístico de los comediantes.



El relato se traslada luego hasta 1953, época en que Stan y Ollie, envejecidos, están llegando al ocaso. Su última película, "Atoll K", rodada con capitales franceses en 1951, fue un fracaso y la posibilidad de volver a la pantalla grande se hizo remota. Sin embargo, lograron concretar una gira en diversos teatros de Inglaterra, que luego se extendió a Irlanda, lo cual les abrió la oportunidad del reconocimiento final, de una suerte de despedida en vivo y en directo.


Baird se sirve de un elaborado guion de Jeff Pope, meticuloso y amable en la observación y descripción de los personajes, para ilustrar la sentida crónica de un significativo pedazo de vida. Aprovecha al máximo las caracterizaciones de Coogan y Reilly, que constituyen el soporte principal de la narración, tanto en el ámbito privado (la relación de los artistas con sus respectivas esposas), como en la recreación de las rutinas cómicas, ejecutadas con impresionante exactitud. La calidez de una amistad que logró sortear algunos difíciles escollos y permanecer intacta hasta la muerte del 'gordo', se expone con elegancia y buen humor.


El lenguaje corporal y gestual de Stan y Ollie aplicado a la vida cotidiana resulta sumamente divertido, especialmente cuando les toca asistir a alguna reunión o en su encuentro casual con viejos admiradores. Una cierta melancolía invade por momentos la narración y no se puede negar que conmueve. Entendemos que forma parte de la nostalgia que evoca el ver a este par de inolvidables genios de la comedia tan convincentemente personificados. La breve visión de las siluetas de sus cuerpos en movimiento durante una de sus últimas presentaciones teatrales, ante una masiva concurrencia, reafirma el respeto y admiración con que Baird les ha rendido homenaje.

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