• Enrique Silva

¡SHAZAM!

Actualizado: 10 de abr de 2019

El capitán Marvel, del comic original de DC, apareció primero en la pantalla grande en una popular serial de los años 40. Luego el personaje fue objeto, en la década del 70, de una serie televisiva. Hoy se llama Shazam y es la estrella de un largometraje fantástico destinado a convertirse en blockbuster familiar.


Película que parece en realidad dos en una y por ratos hasta tres, está enfocada como una comedia adolescente combinada con aventura de superhéroes. Las referencias a "Quisiera ser grande" (1988) son obvias, con cita directa incluida. Y las que nos recuerdan a Superman también. Por ahí se filtra un elemento dramático que tiene que ver con la orfandad del chico protagonista, resuelto de manera torpe, como relleno.


Para quienes no conozcan de qué va el asunto, les diremos que el inquieto huérfano Billy Batson (Asher Angel), por esos avatares propios de la fantasía, se transforma en el fornido Shazam (Zachary Levi) para luchar contra el mal. El lado oscuro está representado por un supervillano de fórmula, el Dr. Thaddeus Sivana (Mark Strong), quien debe quitarle todos sus poderes a Shazam para convertirse en el más invencible y perverso. Curiosamente, este sujeto arrastra un terrible resentimiento desde la infancia contra su padre y su hermano mayor.



El planteamiento de David F. Sandberg, cineasta vinculado al cine de terror ("Lights out", "Annabelle: Creation"), es deliberadamente ligero y pretende ser anárquico, pero termina siendo más infantil que atrevido, algo desordenado y nunca lo suficientemente gracioso (deja la impresión de que su calculado libreto debe haber sido reescrito varias veces). Sin embargo, la química entre el discapacitado Freddy Freeman (Jack Dylan Grazer), uno de los compañeros de Batson en la casa-orfanato, y el carismático Shazam funciona la mayoría de veces que aparecen juntos en pantalla. Gracias a ella el realizador consigue los mejores momentos. Sobre todo aquellos del progresivo descubrimiento de los superpoderes del justiciero con alma de adolescente y cómo este va hallando la manera de controlarlos y ejercitarlos.


El resto es pura chacota -poco efectiva y más bien rutinaria- cargada de efectos visuales digitales, con algunas bromas relativas a otros superhéroes de DC. Los fans seguramente quedarán satisfechos, pero lo cierto es que ¡Shazam! -la película- podría haber sido, con un poco más de imaginación y determinación, un producto menos caótico e intrascendente, es decir, un pasatiempo realmente divertido.


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