• Enrique Silva

ROCKETMAN

El tremendo éxito comercial de "Bohemian Rhapsody" (más de 900 millones de dólares en su recorrido mundial) ha propiciado que Hollywood empiece a desarrollar nuevos ‘biopics’ de famosos artistas musicales. Como ocurre ahora con el británico Elton John y su "Rocketman". Los resultados de taquilla, empero, han sido muy distintos, aunque sus propuestas lucen similares en su superficialidad.

Si bien la cinta de Bryan Singer sobre Freddy Mercury y su relación con el grupo Queen resultaba bastante convencional, su millonaria campaña publicitaria atrajo en masa a los múltiples fans, quienes acudieron a verla atraídos fundamentalmente por las canciones del desaparecido líder y su banda. La inmensa aceptación dio lugar a que la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas estadounidense la tome en cuenta para los Oscar (reconocimiento industrial a fin de cuentas), ganando algunos premios, incluyendo el de mejor actor para Rami Malek.



"Rocketman", dirigida por Dexter Fletcher, no ha tenido la misma suerte y, en comparación, tampoco una publicidad tan masiva. Ha conseguido unas cifras muy distantes de las obtenidas por la biografía de Mercury. Sin embargo, parecía sobre el papel que podría ser una mejor realización, pero, valgan verdades, no supera a nivel narrativo a su predecesora. Por más esfuerzos del realizador a la hora de poner en escena los números musicales (algunos bastante efectivos en su fantasía visual) o del protagonista Taron Egerton, muy metido en la piel del icónico personaje usando incluso su propia voz. Se ha comentado que el mismo Elton John le habría dicho que no haga una imitación exacta. Lo cierto es que la caracterización es competente y dinámica, pero insuficiente para elevar el nivel de un relato demasiado superficial que no le hace justicia al reconocido pianista y compositor inglés.


Fletcher expone de manera reiterativa la tirante relación entre Elton y sus padres (Bryce Dallas Howard y Steven Mackintosh) a través del tiempo, y con escasa convicción las que mantiene con el letrista Bernie Taupin (James Bell) y su manager/amante John Reid (Richard Madden). Asimismo, los temas de su homosexualidad y drogadicción, si bien son tocados un poco más gráficamente que en la cinta sobre el vocalista de Queen, se quedan en lo meramente ilustrativo y nunca ayudan a profundizar en la controvertida personalidad del genio artístico. Las secuencias musicales, con cierta destreza en el manejo de los espacios, se convierten en lo mejor de la película. Airean cada tanto el lado dramático de la historia, que se percibe mecánico, opaco, monótono.


Elton John, al igual que Freddy Mercury, es un grande de la música, una estrella indiscutible. Merecía un tratamiento mucho más inspirado en la pantalla grande. Hollywood está en deuda con ambos.

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