• Enrique Silva

RAPTO

Actualizado: 14 de mar de 2019


Lo mejor del cineasta Frank Pérez-Garland es su episodio del largometraje colectivo "Cu4tro" (2009). Relato breve, introspectivo, cargado de atmósfera, con una sólida interpretación de Vanessa Saba. En su ópera prima "Un día sin sexo" (2005) mostraba una cierta habilidad para construir personajes con química en sus interrelaciones e ilustrar situaciones de carácter intimista. Luego lo ha ganado una irregularidad de la que pueden rescatarse algunos momentos del drama "Ella & él" (2015) y otros tantos de la comedia musical "Locos de amor" (2016). En cambio, "La cara del diablo" (2014) y "Margarita" (2016) son películas formularias en el peor de los sentidos, sin gracia ni chiste.


"Rapto", su nuevo filme, financiado en coproducción con Argentina, daba la impresión, a partir de un tráiler más o menos llamativo, de ser un proyecto de interés. Sin embargo, el resultado es decepcionante. Un guión deficiente, que propone una intriga ambiciosa que se enreda en su propio juego y resuelve al trancazo, es el principal problema.



La historia del secuestro de un acaudalado empresario que pone en jaque la vida de su nieto, pierde su potencial atractivo en giros absurdos, en elipsis y explicaciones que no aportan nada sustantivo. La tesis que opone la justicia a la venganza -o al revés si se quiere- termina convertida en una anécdota más por culpa de una realización opaca, en la que todo parece apuntar a un desenlace revelador y contundente que, francamente, se adivina antes de tiempo.


Los personajes están diseñados con lo justo, sostenidos algunos de ellos en actores de larga data que cumplen su labor lo mejor que pueden. Por ejemplo, el argentino Osmar Núñez, Gustavo Bueno o Martha Figueroa. Otros lucen muy poco convincentes (el adolescente al que el protagonista obliga a ayudarlo o el amigo hacker que todo lo puede). Incluso, el supuestamente relevante rol que interpreta Giovanni Ciccia, que debería aportar algo de misterio o tensión al relato, se pierde por el camino.


Queda entonces el mal sabor de una película que no cuaja, con alguna escena aislada bien resuelta (la humillación de la esposa del empresario a la enamorada de su nieto) y nada más. La percepción es que la carrera del director no levanta vuelo.


Enrique Silva Orrego


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