• Rodrigo Bedoya Forno

Ramrod

Resulta curioso ver “Ramrod”(1947), de André de Toth hoy en día. Porque la fuerza con la que la acción nos es presentada y las motivaciones, siempre pasionales y conflictivas, de sus personajes, resultan de una intensidad inusitadas. Los personajes que pueblan este western están guiados por unas convicciones por las que están dispuestos a morir con tal de llevarlas a cabo, ya sea porque creen en ellas, ya sa para redimirse o ya sea para rebelarse frente a un sistema que resulta injusto. Y De Toth nos hace sentir justamente la emoción de los conflictos que generan esas convicciones.


La base de la cinta es un enfrentamiento entre padre e hija: Connie Dickason (Veronica Lake) quiere independizarse de su padre y para eso ha conseguido un pedazo de tierra, donde piensa mantener a su ganado. Su padre se opone y, con la ayuda de un despiadado capataz, buscará destruir ese terreno. Y en el medio del enfrentamiento está Dave Nash (Joel McCrea), un ranchero al que Connie le pide que se convierta en su hombre de confianza para aguantar el embate de su padre.



La película plantea un universo de personajes ambiguos, incompletos, que buscan alguna forma de escape a un destino que parece escrito de antemano: mientras el personaje de McCrea es un alcohólico que buscará encaminarse ayudando a la dueña de la tierra, pero haciendo hincapié siempre a que todo lo hará de acuerdo a lo que dicta la ley. Veronica Lake interpreta a una mujer que se rebela a ser una hija sumisa, y hará de todo para escaparse de ese sino. La independencia que busca ese personaje tiene un precio, que implica complotar y manipular para justamente liberarse de la opresión de un patriarcado implacable. Ella quiere manejar su tierra y hará todo lo que sea necesario para conseguirlo, como lo demuestra ese extraordinario discurso al principio del film, donde le anuncia a su padre cuál es un intención y como piensa vivir su vida.


La intensidad que plasma el director está justamente en las contradicciones que uno puede sentir en la piel de los personajes: mientras Connie hace lo que sea necesario para conseguir su independencia, Dave Nash lucha por tratar de resolver los conflictos entre padre e hija dentro de los parámetros de la ley en el Lejano Oeste, un mundo donde esta recién se está imponiendo, y la violencia resulta una forma más efectiva de solución de los problemas. Una violencia que está ahí, dando vueltas por encima de los personajes, y que cuando estalla parece arrastrar a los personajes hacia su lado más oscuro.


“Ramrod”, en su visceralidad, plantea un universo de personajes cuyas convicciones chocan contra sistemas establecidos, y deciden enfrentarse a ellos, sabiendo que la misión puede ser imposible. Y ese impulso de la rebelión, contra esos sistemas pero también contra sus propios demonios, le da a la película esa intensidad tan particular. Una intensidad que ya no es de estos tiempos.

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