• Enrique Silva

PENNIES FROM HEAVEN

"Pennies from heaven" es una extraña, inusual realización que combina melodrama y musical. Dirigida en 1981 por Herbert Ross (1927-2001) y adaptada por Dennis Potter de su propia miniserie, escrita originalmente para la TV británica, fue un rotundo fracaso de taquilla y nunca se estrenó comercialmente en Perú. Incomprendida en su momento, es, sin duda alguna, de las mejores películas de Ross, responsable de buenas comedias como "Play it again, Sam" (1972) y "The sunshine boys" (1975), o curiosos dramas como "The turning point" (1977) y "Nijinsky" (1980).


De primera impresión, queda claro que el irregular Steve Martin podía ser un actor muy funcional si el material se lo permitía (y en este caso se luce a sus anchas, hasta bailando). Christopher Walken era un espléndido bailarín y seguramente habría sido una estrella del género musical en otra época (la del Hollywood clásico, se entiende). Y Jessica Harper siempre fue una gran actriz, pero desaprovechada por lo general. Felizmente aquí, en el rol secundario de la esposa de Martin, está espléndida.


El relato se desarrolla en 1934, durante la depresión económica. Steve Martin encarna a Arthur, un vendedor de canciones sin suerte y con muchas ilusiones, que sueña despierto y no logra cumplir sus metas. O quizás sí, en otro plano de esa adversa realidad que lo rodea, en una dimensión alterna, de ensoñación, donde la felicidad puede ser, efectivamente, posible.



La relación de Arthur con su conservadora mujer (Harper) se ha desgastado. Por el camino conoce a Eileen (Bernadette Peters), una tímida profesora de escuela a la que seduce y cuya discreta vida complica sin proponérselo. Conforme avanza, la ruta de Arthur se va estrechando y parece no tener salida, estar destinada al fracaso. Haga lo que haga.


Tan dramática historia, que no rehúye una cierta sordidez y algo de cinismo, contrasta notablemente con los coloridos números musicales que sirven como una suerte de desfogue a la miserable existencia de sus protagonistas. La sombría ambientación de los escenarios que cobijan la crisis se confronta con el luminoso brillo de unas estupendas coreografías, muy estilizadas, acompañadas por versiones originales de populares canciones de los años 30.


El desempeño de Martin, Peters, Harper y Walken es encomiable. Especialmente de este último -como elegante proxeneta- en una de las mejores secuencias de canto y danza, en la que despliega una gran agilidad. La fotografía de Gordon Willis, con sus variadas texturas cromáticas, y el creativo diseño de producción de Ken Adam contribuyen igualmente a hacer del filme un espectáculo remarcable y atípico a la vez.

  • Grey Twitter Icon
  • Grey Instagram Icon
  • Grey Facebook Icon

© Copyright 2019-2020 La Pandilla Salvaje- Todos los derechos reservados.