• Rodrigo Bedoya Forno

LEAVE NO TRACE

Actualizado: 10 de mar de 2019

Unas de las grandes olvidadas de esta ceremonia del Óscar es sin duda “Leave No Trace”, notable película de Debra Granik, que se centra en la vida de un padre y una hija: él (notable, como siempre, Ben Foster) es un veterano de la guerra de Irak que no ha podido volver a insertarse a la sociedad: por ese motivo, decide vivir con su hija (Thomasin McKenzie) en zonas forestales rígidas, alejados de cualquier contacto con la civilización. Pero, poco a poco, la forma de vida del padre comenzará a chocar con las ganas de la hija de tener alguna interacción social.


La película plantea un mundo que se basa en la incapacidad de interacción del personaje masculino, que no puede aceptar vivir una vida en comunidad. Granik explota el gesto tímido y adusto de Foster, un hombre de pocas palabras que, sin embargo, se comunica muy bien a través de los silencios con su hija, la única persona con la que se siente cómodo. La puesta en escena de Granik aprovecha esos silencios y los va cargando de una complejidad poderosa: a la complicidad que existe entre ellos para seguir el estilo de vida que se han planteado, poco a poco comienzan a surgir las tensiones entre él, que quiere mantenerse alejado de cualquier contacto humano, y ella, que comienza a sentir la necesidad de tener vínculos con otras personas.


Granik va mostrando esa relación cambiante sin necesidad de explicar ni decir nada y, más bien, dejando que sean los gestos, las miradas y las poses de los actores las que van marcando las distancias y tensiones entre los personajes principales. Miradas en las que se pueden encontrar el amor de una relación padre-hija pero también las contradicciones que poco a poco se van estableciendo entre ellos. La cámara nerviosa de la directora, que mira los movimientos de los actores, ayuda a encarnar esa tensión reprimida entre los dos: mientras el padre quiere superar sus traumas y no puede, la hija busca una libertad que sabe que nunca tendrá con su progenitor al lado. Toda esa tensión es expresada por la película a través de gestos mínimos y de pequeños detalles que encarnan la complejidad de la relación.


La naturaleza juega un rol esencial en la película: los espacios abiertos y como el filme los trabaja, haciendo que los personajes se integren plenamente a la vegetación, le dan a la cinta ese carácter impulsivo pero al mismo tiempo reprimido, como un grito que está contenido mucho tiempo. Mientras en el personaje de Foster hay una violencia interna que puede explotar en cualquier momento, las ansias del personaje de McKenzie por explorar el mundo también están ahí, latentes. Y la naturaleza, con sus sonidos y su verdor, son usados por la directora para representar esas emociones contradictorias a flor de piel, para expresar ese costadovsalvaje y sensual de unos personajes que deben reprimir emociones que acaso son más fuertes que ellos.


“Leave No Trace” nos muestra a una directora que maneja notablemente la capacidad de sus actores: no importan acá las gesticulaciones, sino más bien los cuerpos, las miradas y los silencios que expresan mucho más que las palabras; y como eso se va integrando a espacios que dejan sentir toda una serie de tensiones que están ahí, presentes, debajo del cariño que sienten un padre y su hija.


Rodrigo Bedoya Forno

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