• Enrique Silva

LA VIUDA

"La viuda" (Greta) es un thriller menor, pero realizado con oficio por el irlandés Neil Jordan, cuya irregular trayectoria contiene títulos destacables como "En compañía de lobos" (1984), "Mona Lisa" (1986), "El juego de las lágrimas" (1992), "Entrevista con el vampiro" (1994) y “Michael Collins” (1996). El cineasta ha vuelto a Estados Unidos para rodar una historia que no es -ni intenta- ser original. Por el contrario, su relato se orienta por una dinámica que apela a fórmulas harto conocidas, que el realizador asume y emplea con eficacia.


La francesa Isabelle Huppert encarna a Greta, una solitaria mujer de raíces europeas que habita en un departamento de Manhattan. Esta peculiar señora coloca unos 'cebos' de manera astuta en determinados lugares de la ciudad para atraer a incautas jovencitas, que preferentemente puedan ser tan solitarias como ella (o estén atravesando por algún problema emocional), con la finalidad de someterlas en una suerte de juego macabro. Un modus vivendi bizarro y propio de alguien que, evidentemente, no está en su sano juicio. Y así, lo que empieza como una aparente comedia de humor negro se va transformando en un aventura de suspenso psicológico que depende, en buena cuenta, del controlado histrionismo de la admirable Huppert y de la juvenil y fresca presencia de Chloe Grace Moretz en el rol de Frances, su más reciente presa.



Que por momentos se tenga la sensación de haber visto antes este cuento, o que puedan adivinarse algunos de sus golpes de efecto, importa poco porque lo más interesante es seguirle la pista a Greta y ver hasta dónde puede llegar la enajenación que padece y se va haciendo cada vez más peligrosa a medida que la narración avanza (la secuencia de su irrupción en el restaurante donde trabaja Frances lo grafica muy bien). Incluso, la aparición del detective privado -interpretado por Stephen Rea- o la relación de Frances con su amiga Erica (Maika Monroe) contribuyen a esta percepción de 'deja vu'. Sin embargo, son elementos que funcionan, se integran correctamente, de acuerdo con el mecanismo narrativo planteado.


Jordan, asimismo, logra retratar convincentemente el entorno donde se mueven los personajes, tanto en los espacios interiores como en los exteriores urbanos. Y no faltan por ahí algunos guiños o referencias a ciertas películas sobre obsesiones patológicas de los 70 y 80. Al final queda la sensación de haber visto una película quizá más curiosa que lograda, pero disfrutable, sobre todo por el duelo escénico entre sus dos protagonistas.

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