• Rodrigo Bedoya Forno

Guasón

“Guasón”, de Todd Phillips, bucea en el imaginario de Batman para centrarse en la figura del Guasón, uno de sus villanos míticos. La idea de la cinta es mostrarnos como ese personaje se formó: Arthur Fleck (Joaquin Phoenix) es un hombre con una enfermedad neurológica (no puede contener la risa en los momentos menos propicios para ello) que trabaja como payaso en distintas actividades. Todo el mundo ve a Arthur como un ‘freak’: sus compañeros de trabajo, la gente con la que se encuentra en la calle, la sociedad en sí. La única persona cercana a él es su madre, a quien cuida devotamente.


La idea de la película es mostrar como Arthur es hijo de una violencia cotidiana: la indiferencia y el desprecio de la sociedad frente a él van haciendo que su furia aumente. Una furia que se expresa también en el trasfondo social de la película: hay una campaña electoral en marcha y el sentimiento anti élite se siente en protestas y en una violencia, violencia en la cual Arthur se ve involucrado.


“Guasón” se plantea, de esta manera, como un retrato duro, que busca mostrarnos las dificultades de un personaje en un profundo proceso de alienación y que comienza un descenso hacia el lado oscuro sin redención posible, mientras la sociedad (esa Ciudad Gótica que bebe mucho de la Nueva York de los 70 y 80) vive el mismo curso. Joaquin Phoenix carga el peso de la película en una actuación en la que se nota el esfuerzo y la pasión por el personaje, pero que la hace muy dependiente de él. Y ni siquiera así la película pareciera confiar del todo en que el trabajo del actor puede llevarnos a sentir la desesperación y violencia del personaje.



En efecto, Todd Phillips, en su intento por mostrarnos la oscuridad en la cual vive Fleck, no tiene ningún reparo en ser enfático hasta el cansancio y cargar las tintas en la descripción del mundo que plantea. Ese costado subrayado del film se siente en la música, con una banda sonora cargada de gravedad que se hace presente cada vez que el personaje está al borde del quiebre. Lo mismo se puede decir de las cámaras lentas, representación del costado más estetizante de la puesta en escena, que buscan resaltar la trascendencia del proceso por el que pasa Arthur, como si la actuación de Phoenix o las acciones mismas no resultaran suficientes para mostrarnos la sordidez de la situación.


Lo mismo se puede decir de los personajes secundarios: lejos de ser seres que se sientan verosímiles, la sensación que dejan es que están ahí para remarcar el costado decadente del filme: son estereotipos de maldad que, por ser tan remarcados en sus defectos, hacen menos consistentes las situaciones.


La escena del metro es un buen ejemplo de esto: no importa tanto la sequedad y brutalidad de la violencia, sino la caricatura de personajes que la impulsan: los niños ricos, acosadores y violentos resultan siendo, en su caracterización exagerada, un ejemplo de cómo la película busca esquematizar a los personajes secundarios para crear un mundo de bueno versus malos, y como ese bueno termina, a pesar suyo, casi obligado a lidiar con su lado oscuro.


Esto termina haciendo que el costado sórdido del filme se siente superficial e impostado: lejos de la contundencia de los referentes de la película (“Taxi Driver”, el principal), aquí la decadencia que busca mostrar la película no se siente orgánica, sino impuesta, con una puesta en escena que busca recalcarnos una y otra vez las miserias del personaje de Fleck y lo malos, muy malos, que son todos los personajes que lo rodean.


“Guasón”, a partir de su esquematización general y de los distintos recursos que utiliza para resaltarnos lo sórdido que es todo, busca desesperadamente ser acaso la película que valide el mundo de las adaptaciones de cómics de superhéroes: de pronto, estas películas también puede tocar temas “serios” e “importantes”, sin importar necesariamente las armas que usa para ello. Por eso, el León de Oro en el Festival de Venecia no necesariamente sorprende.

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