• Enrique Silva

GREEN BOOK: UNA AMISTAD SIN FRONTERAS

Actualizado: 7 de mar de 2019


El realizador Peter Farrelly y su hermano Bobby firmaron en otro tiempo varias populares e irreverentes comedias. Algunas muy divertidas, como "Loco por Mary" (1998), "Tú, yo y mi otro yo" (2000) y "Amor ciego" (2001). Cuando el éxito dejó de sonreírles, decidieron separarse y Peter continuó su carrera en solitario. Primero dirigió el telefilme "Cuckoo" (2015). Y ahora nos presenta "Green Book: Una amistad sin fronteras", que lo ha devuelto al primer plano de atención.


El relato se ambienta a principios de los años 60 y está basado en personajes y hechos reales. El refinado pianista afroamericano Don Shirley (Mahershala Ali) contrata a Tony Lip (Viggo Mortensen), un vulgar sujeto de ascendencia italiana, para que haga las veces de chofer y asistente durante una gira por el sur de Estados Unidos.



A partir de esta peculiar asociación, cuya verdadera historia debe haber sido mucho más compleja y difícil, Farrelly desarrolla una amable y divertida aventura, tan previsible y calculada en todos sus efectos que parece hecha con manual. Sin embargo y a pesar de un libreto sin mayores sorpresas, el cineasta se las ingenia bastante bien para darle la suficiente energía y fluidez, de modo que las peripecias nunca decaigan.


El largo recorrido supone que dos personajes tan opuestos se vayan conociendo y, no obstante sus muchas diferencias (sobre todo culturales), generando una empatía, aprendiendo el uno del otro a través del obligado trato diario y la diversidad de situaciones que experimentan, buenas y malas, en medio de un contexto social cargado de conflictos raciales. El humor cobra entonces una significativa importancia en la interacción, con la finalidad de que la tensión sea mínima. Y Farrelly sabe cómo manejarlo.


Juegan en contra algunas ideas planteadas muy superficialmente (la sexualidad del pianista en la escena del baño turco) y otras sin demasiado sentido (la abrupta reacción racista inicial de Tony al deshacerse de unos vasos usados por obreros negros, lo que no encaja con su conducta posterior, más tolerante).


Hay que destacar la sobresaliente reconstrucción de época y la música. Empero, los dueños absolutos del espectáculo, los reyes del show, son Mahershala Ali y Viggo Mortensen. Ambos en notables caracterizaciones. El primero ganó merecidamente su segundo Oscar como mejor actor secundario (el previo lo obtuvo por el drama "Moonlight"). Esperemos que el segundo lo consiga más adelante.


Que la cinta se haya llevado a casa los trofeos a mejor película y guión original no llama la atención, pues revela una vez más el gusto e interés de la Academia hollywoodense por premiar filmes de gran aceptación popular.


Enrique Silva Orrego

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