• Enrique Silva

FIRST REFORMED

Actualizado: 10 de mar de 2019

Las recientes nominadas al Oscar han generado polémica. No solo porque hubo candidatas que no debieron estar en la selección ("Black Panther" o "Bohemian Rhapsody", por ejemplo), sino debido a ausencias importantes, películas muy buenas que no fueron tomadas en cuenta o apenas si tuvieron una nominación. Es el caso de "First Reformed", la nueva realización de Paul Schrader, seleccionada únicamente en la categoría de mejor guión original. Sustancial relato que debería haber tenido una mayor presencia en los premios de la Academia.


Se trata de un drama existencial, de rasgos minimalistas, en el que trascienden los temas de la culpa y la redención, tan afines al universo personal del cineasta como en sus colaboraciones con Martin Scorsese.


El reverendo Toll (Ethan Hawke en notable interpretación) es un ex capellán militar transformado en solitario pastor evangélico que pasa sus días al frente de la parroquia de la antigua Iglesia Primera Reformada (ubicada en la localidad de Snowbridgeestado de Nueva York), que va a celebrar 250 años de fundación. Enfermo, atormentado por la pérdida de su único hijo en Iraq y separado de su esposa, se ha propuesto escribir durante doce meses un diario que le permita la reflexión y la expiación. Actividad que ejercita mientras bebe licor.


Su parroquia, con escasos fieles y convertida en un lugar de turismo, es mantenida por otra Iglesia, de grandes recursos económicos, patrocinada por un millonario empresario a quien le importa muy poco la polución que generan sus negocios.


En este contexto, Toll conoce a Mary (Amanda Seyfried), una joven embarazada cuyo esposo (Philip Ettinger) es un activista medioambiental de ideas radicales, extremistas, que atraviesa por un estado de depresión. Relación que afectará profundamente al pastor tras un hecho inesperado.


Schrader encierra su historia en el viejo formato cuadrado, muy seguro de que es el espacio perfecto para orquestar la trama. Y procura que las acciones fluyan pausadamente, en planos muy elaborados en los que la disposición de la luz y las sombras juega un rol primordial. Los diálogos -escasos en varios pasajes- sustentan esa mirada introspectiva que ilustra la puesta en escena. Asoman ecos del cine de Bresson y Bergman, dos de los maestros favoritos del cineasta.


La visión cautelosa y profunda de Schrader, entre la desesperación y la esperanza, se torna sombría en el último tercio del metraje. Las imágenes y la música subrayan el advenimiento de un sacrificio como desenlace redentorio. La tragedia se perfila, aunque no es el único camino. La ecología del planeta se halla en grave peligro, pero la salvación es posible.


Terminemos con la sólida presencia de Ethan Hawke, esencial, modulada de manera brillante. Sin duda, una de sus mejores actuaciones y también de las más sobresalientes de 2018. Dejarlo fuera de las nominaciones fue una afrenta. Da bronca.


Enrique Silva Orrego

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