• Enrique Silva

CEMENTERIO MALDITO

Stephen King es uno de los autores literarios más populares y adaptados con frecuencia al cine y la TV, aunque no siempre con buena fortuna. Su éxito ha sido tal que algunos de sus relatos de terror se han convertido en películas en más de una oportunidad. Es el caso, por ejemplo, de "It" o "Pet sematary".


La nueva versión de "Cementerio maldito", realizada por Kevin Kolsch y Dennis Widmyer, tiene algunas variaciones respecto de la cinta original de 1989, a cargo de Mary Lambert (que no era gran cosa, la verdad), pero no la supera. Digamos que sus irregulares niveles van más o menos a la par, pero ninguna le hace real justicia a la fuente.


El Dr. Creed (Jason Clarke), su esposa Rachel (Amy Seimetz) y sus dos menores hijos se mudan de Boston a una alejada y solitaria propiedad en una zona rural de Maine. Lugar muy cercano a un sombrío bosque en el que se halla un extraño cementerio de mascotas que posee una sobrenatural peculiaridad que afectará profundamente la estadía de la familia.



Los realizadores aciertan en la descripción de ambientes y escenarios donde transcurre la acción, generando una lograda atmósfera de tensión y ansiedad que funciona mejor a partir de la muerte de la felina mascota y, por cierto, del horror que surge después, cuyos golpes de efecto están dosificados con lo justo. Dentro de la propia lógica del relato, resulta bastante curioso que los Creed solo tengan un vecino, el anciano viudo Jud (John Lithgow), cuya presencia va a resultar muy importante como detonante de los macabros acontecimientos. Algo similar a lo que ocurría con Fred Gwynne en el filme de 1989.


Lo que no cuaja desde el inicio es el penoso pasado que atormenta de modo permanente a Rachel y la persigue en recurrentes pesadillas. Suerte de subtrama -innecesaria- que distrae y no se integra debidamente al conjunto narrativo. Ni ayuda en esa sensación de misterio y temor que brota, por ejemplo, de la cargada penumbra del cementerio y sus fangosos alrededores.


El reparto está bien dirigido y las actuaciones aportan su cuota de credibilidad, destacando la interpretación de Jeté Laurence como la pequeña y dócil hija de los Creed, quien sufre una espeluznante transformación. El desenlace deja abierta la posibilidad de una secuela. Lo que no sería novedad en un Hollywood en el que abundan los 'remakes' y las continuaciones.

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