• Rodrigo Bedoya Forno

Beanpole

Tras su notable ópera prima, Closeness, había mucha expectativa por ver el siguiente trabajo del ruso Kantemir Balagov. Y Beanpole busca estar a la altura de las expectativas: se trata de una película ambiciosa, de gran despliegue de producción, que narra la historia de dos mujeres en la Rusia tras la Segunda Guerra Mundial.


Las tensiones emocionales que unen a las mujeres son fuertes e intensas, ligadas a la maternidad y a la pérdida en medio de un contexto decadente y sórdido, que el director busca recrear a través de su puesta en escena: los espacios en los que se mueven los personajes aparecen siempre sucios y sofocantes, alejados de cualquier atisbo de esperanza. El sueño comunista es más una pesadilla de personas que hacen lo que se puede para sobrevivir, y en donde las heridas físicas de los que se fueron al frente se igualas a las cicatrices morales de los que se quedaron. La ambición de la puesta en escena es lo mejor de Beanpole.

Pero si la reconstrucción de espacios es lograda, las situaciones que atraviesan los personajes se sienten forzadas: lo que vemos son una serie de desgracias programas, de trucos de guión hechos para reforzar la desgracia, para aumentar el patetismo. Si en Closeness la historia de amor prohibida tenía la fuerza de lo inevitable, aquí la tragedia parece calculada, establecida para darle a la película una solemnidad que nunca es consistente. Esto hace que el resultado final termine siendo decepcionante.

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