• Rodrigo Bedoya Forno

Bafici: más películas comentadas

Ray & Liz (Competencia internacional): La primera película de Richard Billingham es un retrato bastante contundente de la pobreza y las carencias de una familia de clase media en plena decadencia en Galés, durante varios años. Basada en las memorias del propio director, la potencia de la película está en la capacidad del cineasta para dotar al film de una calidez particular incluso en los momentos más duros, calidez que se expresa a través de la textura de los espacios y los sonidos.


Cada momento del filme está trabajando de tal manera que los lugares como la casa familiar o las calles del barrio expresen una sensación de familiaridad, como si estuvieran grabados en la memoria y evocaran un pasado contradictorio, en el que se mezclan la cordialidad de la memoria con la crudeza que impone la realidad económica. Gracias a esa dinámica “Ray & Liz” consigue momentos de genuina intensidad. Una de las mejores películas de la competencia del Bafici.


Los tiburones (Competencia Internacional): Un pequeño balneario de Uruguay se ve de pronto movido por la aparición de tiburones en la costa. Ese pequeño detalle rompe con la cotidianidad del lugar, cotidianidad que la directora Lucía Garibaldi retrata en este ‘coming of age’ a través de la rutina de su protagonista, una adolescente que va descubriendo su sexualidad mientras trata de sobrevivir a un verano aburrido. Lo que importa en la película justamente es el tedio y la contención con la que la directora va planteando la rutina del sitio, que parece arrasar con todo, incluso con algo tan atípico como el hecho de que aparezcan tiburones en la costa. Miradas, cuerpos que se van moviendo y silencios que expresan atracción son la base de la puesta en escena de esta película, que debajo de su retrato cotidiano expresa tensiones y deseos adolescentes de manera contundente.


Fin de siglo (Competencia argentina): La ganadora de la Competencia Argentina fue esta película, que narra la historia de un amor entre dos hombres que se reencuentran después de mucho años. Lucio Castro, el director, apuesta por una puesta en escena que privilegia los encuentros y la situaciones cotidianas, que van marcando las dudas, los entusiasmos y el deseo de los personajes, y en el que el azar, las fantasías y ciertos aspectos lúdicos van jugando un rol muy importante. Con ecos del cine de Hong Sang Soo, “Fin de siglo” fue uno de los puntos altos de la competencia argentina.


Putin Witnesses (Competencia Derechos Humanos): Esta sorprendente película usa un material de archivo de enorme valor: el director del filme formó parte de la campaña que hizo que Vladimir Putin ganara las elecciones del 2000 y tuvo acceso ilimitado a la intimidad del presidente ruso. El Putin que vemos parece un modernizador, alguien que está dispuesto a acabar tanto con el pasado comunista como con la crisis que generó la renuncia de Boris Yeltsin a partir de un discurso de esperanza y de respeto irrestricto a las normas democráticas.


Pero, durante el primer año de gobierno, las cosas cambian y Putin va mostrando su costado más autocrático, justificando la nostalgia por la Rusia Imperial y generando dudas entre aquellos que lo llevaron al poder, como el propio Yeltsin. Lo apasionante del filme es que las imágenes que usa el director del filme no plantean una alegato o una crítica subrayada a Putin: por el contrario, lo que vemos son los rastros de una personalidad que entra al poder de una forma y poco a poco va cambiando, mostrando su costado más oscuro dentro de un manejo del poder que Putin ha institucionalizado. Las decepciones y preocupaciones que expresan tanto el director (que conversa con Putin en varios momentos) como las personas más cercanas a él van marcando un retrato de lo que es hoy el presidente ruso: las ambigüedades del político y su discurso son las clarinadas de alerta que llegaron muy tarde.


Ghost Town Anthology (Trayectorias): La última película del canadiense Denis Coté muestra la vida de un pueblo perdido en la zona rural de Canadá en el que, de pronto, los habitantes que murieron comienzan a volver por motivos sobrenaturales y desconocidos. El cineasta canadiense va creando un clima invernal que expresa ese costado encerrado en sí mismo del pueblo, un pueblo en el que no va a pasar nada interesante hasta que de pronto los fantasmas comienzan a aparecer. Pero, lejos del cinismo, Coté elige crear un clima más ligado al cine de terror, con los habitantes del pueblo enfrentándose a estos entes que regresan y que, acaso, les recuerdan que su estilo de vida de pueblo chico está a punto de desaparecer: lo que les queda es la muerte que está llegando. La melancolía que se desprende de la propuesta es bastante contundente.


Santiago, Italia (Película de clausura): Nanni Moretti regresa con este documental que registra testimonios de refugiados chilenos que fueron a la embajada de Italia tras el golpe de estado de Augusto Pinochet. Los testimonios dan cuenta de una realidad absolutamente abominable, como es la persecución de un grupo de personas por sus ideas durante la dictadora instaurada por el militar chileno. Pero lo interesante de ellos es que, incluso en los momentos más crudos, estos se van mezclando con anécdotas que los entrevistados van relatando con calidez. Es así que la memoria da cuenta de cómo la solidaridad y las ganas de vivir de todos los involucrados permitieron a los chilenos que huyeron encontrar en Italia un sitio donde poder seguir con sus vidas de la manera más normal posible. Moretti recuerda la dictadura de Pinochet pero, al mismo tiempo, lanza una crítica a la Italia de Matteo Salvini y sus políticas xenófobas.


So Long, My Son (Trayectorias): Como muchas películas chinas recientes, la nueva cinta de Wang Xiaoshuai pinta un retrato de los cambios culturales y políticos de la China contemporánea y como estos han afectado la intimidad familiar y amical de los protagonistas. En este caso, dos familias amigas, que trabajan en una fábrica en plena Revolución Cultural, sufren una serie de situaciones bastante duras que las distancian mientras el país va cambiando sus políticas y entrando a la fase neoliberal que hoy es su realidad.



La cinta va saltando en el tiempo mientras va cubriendo un espacio temporal de más de 30 años. El recurso no es gratuito, ya que la cinta se basa justamente en el paso del tiempo, en cómo las circunstancias familiares y sociales van cambiando. El pasado es visto siempre con calidez, donde las situaciones cotidianas de los amigos, entre comidas, bailes y juegos, van marcando un tiempo idílico, sin tensiones ni conflictos. Ese pasado contrasta con un presente lleno de carencias y tensiones, incluso para la familia que le fue bien en la transformación neoliberal. La película hace énfasis en cómo el tiempo ha destruido las ilusiones, amistades y perspectivas de los personajes, cómo ha generado deudas y culpas. Los personajes de la película parecen ser simples marionetas de un engranaje que lo modifica y destruye todo, como esos barrios familiares durante la revolución industrial que hoy se han transformado de manera radical.


Pero “So Long, My Son”, así como muestra un tiempo implacable y destructivo, también muestra uno que permite sanar y saldar deudas, que permite superar duelos y perdonar. Más adelante volveremos sobre una de las mejores películas que he podido ver este año.

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