• Enrique Silva

CAM


El filme Cam, lanzado en Netflix, plantea la posibilidad de que la tecnología virtual se convierta en un siniestro espectáculo. Que las identidades de quienes navegan por internet puedan ser robadas, alteradas, suplantadas, duplicadas, al punto de poner en jaque la privacidad y seguridad de los usuarios. Realizado por Daniel Goldhaber sobre guión de Isa Mazzei, el relato se inicia como una curiosa ilustración del oficio diario que lleva a cabo una joven en una website de coloridos y extravagantes shows eróticos. 


Bajo la identidad virtual de Lola, la atractiva y empeñosa Alice (Madeline Brewer) se gana la vida, muy confiada en su poder de seducción. Su futuro parece hallarse en ascenso. Tiene varios seguidores,  exigentes y bizarros, y aspira a alcanzar los primeros lugares del ranking. El precio no importa, quiere ser la más popular. La competencia es fuerte entre las numerosas camgirls de la web que exponen sus atributos y no faltan diversas tretas para incrementar el puntaje rápidamente.


Alice empezará subir sus bonos, a sentirse triunfadora, pero extrañamente, de un momento a otro, perderá el control de su cuenta virtual y de la identidad de Lola. Sin embargo, su alter ego, como si se tratase de una recreación digital, seguirá haciendo de las suyas en la red, sin que ningún fan lo advierta o ella pueda hacer algo al respecto. El mundo real de la protagonista también se verá afectado, alcanzando incluso a sus relaciones familiares.


Entonces el misterio y el miedo se instalan, el thriller se filtra en toda su dimensión y nos conduce a una suerte de fantasía terrorífica de lo más inquietante. Alice encuentra algunas pistas importantes y busca la manera de recuperar a Lola, pero los accesos se cierran uno tras otro. Aquellos poderosos que dominan la tecnología y mueven los hilos de la madeja son inalcanzables. Lo real y lo virtual se intercambian y el horror surge como en la peor de las pesadillas. La obsesión casi mortal de Alice llega al límite en la fascinante secuencia de los espejos. Una confrontación que se duplica y deforma.


El epílogo tiene una lógica estremecedora. La identidad que ingresa en el sistema virtual es lo de menos. Lo único que interesa es estar conectado.


Enrique Silva Orrego

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